La desidia, el caos y la “Policía Democrática”

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Escenario 1:
Una persona va por la calle comiendo una banana, tiene la cáscara en la mano y no ve un tacho de basura. Si la calle está impecable, si nadie osa arrojar una miga al piso y la comunidad está orgullosa de la limpieza de la ciudad, la persona probablemente conserve la cáscara hasta encontrar dónde tirarla. El desprecio social y la multa por ensuciar lo que es apreciado por esa comunidad funcionará como mecanismo de control y preservación.

Escenario 2:
Ahora bien, si la misma persona camina por un terrible basural, con calles repletas de residuos pestilentes y donde los restaurantes arrojaran a la vereda las sobras de la cocina. Si todo estuviera roto, si la gente hiciera pis y caca libremente sobre los restos de lo que fueran baldosas y el más abyecto abandono reinara por el sendero. Francamente nuestra persona imaginaria no tendría incentivo para conservar la cáscara de banana que de seguro iría a engrosar la pila de mugre sin mayores inconvenientes.

Tengamos estos escenarios en la cabeza mientras analizamos los acontecimientos estelarizados por la diputada Victoria Donda que tomaron relevancia en los últimos días:

En el primero la diputada interrumpe un procedimiento policial en el que se estaba deteniendo a un delincuente que tenía orden de captura desde mayo del 2018. El señor en cuestión había sido declarado en rebeldía por el Tribunal Oral de Menores N° 3 de la CABA lo mismo que hizo el Juzgado Nacional de Menores N° 5, contando con nada menos que 11 causas sólo en el año 2019. La cosa es que la diputada, haciendo gala de su prejuicio hacia el accionar policial, quiso impedir que una persona con estos modestos antecedentes fuera detenida. Increpando a la policía, desconociendo los alcances de su título de abogada y de las leyes en general, prefería un delincuente suelto antes de que la policía vigilara el orden de la calle.

En el segundo, la sempiterna diputada, presenta un proyecto de ley en el que propone el reemplazo de la Policía Federal Argentina por una Policía Democrática (vaya uno a saber qué quiso decir la autora). El proyecto incluye un sindicato de policías, restricciones en el uso del armamento reglamentario y modificaciones respecto al deber de obediencia. Además la Auditoría de Asuntos Internos sería dirigida por un civil sin estado policial que podría ingresar a la Policía Democrática si le acreditan, desde la burocracia política, “los conocimientos específicos” (sic). No resulta sorprendente que el proyecto cuente con las inefables propuestas del Dr. Eugenio Zaffaroni.

¿Qué motivaciones llevan a la diputada Donda a impulsar estas acciones? Pensemos de nuevo en nuestros dos escenarios:

La búsqueda del descontrol y el limado permanente de la autoridad policial procura que el escenario en el que la cáscara de banana termine en el piso sea norma. Para poder lo más, se necesita lograr lo menos. Si un lugar muestra signos de abandono y esto es algo avalado por las autoridades que no hacen nada al respecto, entonces allí se generará el delito y en consecuencia el miedo al delito. La destrucción del tejido social logrará un círculo vicioso imparable.

Con muchas licencias, de esto se trata la teoría de las ventanas rotas, una de las teorías más famosas en criminología. Explica que el crimen no está vinculado a la pobreza si no al abandono y al reino del caos. Una ventana rota es el puntapié inicial de un derrotero que transmite desinterés, despreocupación, fomenta el vandalismo que va aumentando, afectando la seguridad. El delito es mayor en las zonas donde la desidia, el caos y la suciedad son mayores.

Aunque se disfrace de justiciera, en Donda, la búsqueda del descontrol del espacio público como epítome del paradójico “prohibido prohibir” entraña una trampa filosófica. La libertad comienza por un límite: el proyecto de vida del otro. Eludir todas las coerciones genera otras más intolerantes. ¿Cuándo no hay libertad para los enemigos de lo que “yo digo” es la libertad?. El sistemático cuestionamiento de la autoridad a quién beneficia? Una cosa es cuestionar una determinada norma y otra oponerse a toda norma. 

La actividad política consiste en lograr ideales pero no debemos olvidar que, sea cual fuere el objetivo final, el empeño se dirige a lograr el poder. El socialismo trata de hacer creer que actúa de manera desinteresada, que se ocupa sólo de los desposeídos, pero cuando se aviva de que sus propuestas pierden atractivo incluso para sus votantes, recurre al oportunismo de inventar problemas. Donda vió la oportunidad de figurar como una heroína protectora de los pobres y salió a llorar represión, aún cuando su accionar expusiera a la comunidad a seguir conviviendo con el delincuente. En Argentina, la explotación de problemas ficticios remite a la última dictadura y, como subproducto, a ver represión ilegal donde convenga.

Vaciar la calle de control policial viene de perillas con este objetivo. Curiosamente no es la primera vez que la diputada Donda presenta el proyecto de reemplazo de la Policía Federal por “fuerzas democráticas”. En el año 2011, cuando gobernaba el kirchnerismo lo intentó sin mayores resplandores como consta en el expediente N° 0332-D-2011.

Pero en ese entonces su fanatismo por la ideología kirchnerista le hubiera hecho más complejo y comprometido el generar el marco de oportunidad. Así que, con nueva gestión, volvió con renovados bríos en el año 2017 con el proyecto N° 1178-D-2017 que tampoco prosperó.
Ahora con el intento de victimización de un delincuente prolífico, su idea cobra nuevo envión con la presentación N° 0446-D-2019. Hemos de reconocer lo perseverante.

La confusión que generan las normas que no se cumplen o no están claras (si el triple proyecto de Victoria Donda llegase a triunfar)  supone que las infracciones, el vandalismo, el delito y por ende el miedo, se van a ir acumulando, generando la misma situación que con el Escenario 2 y nuestra cáscara de banana. Esto pasa en las sociedades donde la ley no es igual, donde los diputados aducen privilegios para flexibilizar o directamente no cumplir las leyes y dónde las instituciones desprecian a la autoridad. Deviene en caos, siempre. Esto no sólo sucede con el deterioro de aspectos materiales. Pasa, por ejemplo, con la corrupción, pequeñas transgresiones van a ir a prácticas de mayores cantidades, no hay un camino a la mejora.

Habría que dejar de inventar problemas para centrarse en los que de verdad entorpecen la vida de la mayoría de los ciudadanos. La responsabilidad que tienen los líderes políticos en este momento es realmente enorme y crucial, deberían hacernos el favor de tomarse en serio la seguridad y sus carencias, que son suficientemente graves como para que nadie trate de cobrar protagonismo sacando tajadas con buenismo que será perjudicial sobre todo para los más vulnerables. Volver vulnerable la calle es matar el proyecto de vida del que la habita.

Tres veces presentó la reelecta diputada Victoria Donda su proyecto de destrucción de la policía en detrimento de nuestra ya exigua seguridad y a favor del caos y el miedo para los ciudadanos. Tres veces y ni los representantes de los bloques contrarios a su ideología ni los medios ni las ONGs o fundaciones con interés parlamentario nos alertaron de esta patraña. Tres veces trataron de rompernos las ventanas. Más vale que abramos los ojos porque la pulsión contra la Libertad no se rinde nunca.

Publicado en el Diario La Prensa

9 comentarios en “La desidia, el caos y la “Policía Democrática””

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