Falso beso de la mujer araña

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Finalmente se hizo público el fallo de la jueza María Fontbona de Pombo sobre el caso de Mariana Gómez, quien en ocasión de estar fumando en la estación Constitución, donde se encuentra prohibido, atacó y le arrancó los pelos a la policía Karen Villareal que se había acercado a pedirle que apague el cigarrillo. Mariana fue condenada a un año de prisión y hasta acá los hechos.
¿Por qué tiene relevancia esta noticia? Desde el comienzo de la historia, Mariana Gómez y su esposa, al verse complicadas en la escena del ataque a la policía, tergiversaron los hechos tratando de justificar su accionar diciendo que les prohibían besarse.

Si bien estaban filmados los acontecimientos, la propaganda potencial acerca de la censura de un beso lésbico cayó como anillo al dedo, por un lado, a las organizaciones que deben su sustento a la existencia de escándalos y por el otro, a los medios masivos, a quienes un buen alboroto con víctimas del poder opresor nunca viene mal.

El abogado Lisandro Teskiewicz, pidió la absolución de Mariana alegando que se trataba de un caso de lesbofobia, justo en el Día Internacional por el Orgullo LGTB. Aunque los fundamentos jurídicos sean claros, el dispositivo de creación del relato victimizador de Mariana ya estaba en marcha y a punto de caramelo. Diarios, radios y canales de TV se lanzaron a publicar que la sentencia de Mariana se debía a dar besos.

Lo escribo de nuevo por si alguien se distrajo: el espectro mediático, en su enorme mayoría, le dijo descaradamente a su público que se condenaba a una mujer por ser cariñosa con su esposa. Se retorció y tergiversó el contenido de la sentencia para crear una reacción emocional que les permitiera rentabilizar el minuto a minuto. De súbito, organizaciones sociales, ONGs y políticos se lanzaron en defensa de estas mujeres frente a lo que describieron como un sistema legislativo y judicial hostil, sustentador de una sociedad patriarcal que procura la represión del movimiento gay. O sea, una mujer que fumaba en la estación de tren y que, para no apagar el cigarrillo, le arrancó los pelos a otra mujer pasó a ser el estandarte de la lucha contra el maltrato a las mujeres.

La cobertura mediática del caso ha resultado ser un detector infalible de las mentiras de los principales medios, que han evidenciado no tener reparos en jugar con nuestra información y buena fe y poner en riesgo los pilares que sustentan su propia credibilidad y labor. La irresponsabilidad de crear una alarma social en torno a una sentencia, al accionar policial y la actuación del poder judicial frente al que acusaron de homofóbico con el fin de patrimonializar la lucha contra la represión.

AMNISTIA INTERNACIONAL
Varias organizaciones no gubernamentales se sumaron a la movida, hecho que nos debería hacer reflexionar acerca de cuánto hay de verdad, de manipulación o de conveniencia en el accionar de estas instituciones. Pero una en particular estuvo encantada de liderar la campaña de tergiversación más descarada: Amnistía Internacional llegó a afirmar que “Mariana besó a su esposa en la estación Constitución. Fue condenada. #BesarNoEsDelito #CondenadaPorBesar”.

Todos estos principios y valores por los cuales nuestra sociedad protege la actividad periodística no son privilegios de los medios de comunicación en sí. Se trata de medidas de protección para los ciudadanos, para su acceso y derecho a la información. Los periodistas deberían honrar ese patrimonio que es un tesoro que los ciudadanos nos esforzarnos en proteger, y por el cual exigimos que la información que nos dan sea fidedigna y adecuada a los hechos. Que los periodistas no nos utilicen ni manipulen en sus juegos ideológicos si quieren ser merecedores de nuestra confianza.

Aunque el mainstream logró, con notable éxito, trasladar a la opinión pública la idea de que se castiga a una mujer por besar a otra para estigmatizar, en aras de la corrección política, a quien ose rebatir sus mentiras, la noticia más interesante fue la forma en que las redes rebatieron las mentiras que se estaban imponiendo.

La principal estrategia que se ha intentado, desde los medios de comunicación, ha sido vincular esta polémica fabricada con el Día Internacional por el Orgullo LGTB para situarlo en las coordenadas de la libertad. Lo único positivo es que ha servido para mostrar a la opinión pública la verdadera faz de una buena parte del discurso periodístico que obra coordinadamente en una agenda ideológica que poco tiene que ver con reflejar la verdad.

Cuando los mensajes falsos han alcanzado tal coordinación y reiteración, tanta intensidad que resulta imposible siquiera llevar la cuenta o escuchar voces disidentes, es hora de preguntarse si no resulta aunque sea sospechoso el fenómeno. Tal vez el caso del Beso de Mariana muestre, de la manera más burda, que la emersión espontánea de ciertas demandas sociales, son más bien una agenda apalancada. Ojo, no es nueva la descomunal asimetría entre la realidad y lo que divulgan los medios. Pero si bien el periodismo difunde sólo porciones de la realidad que debemos completar con nuestra experiencia y conocimiento, es necesario comprender que los mensajes publicados han sido elaborados para formar nuestra opinión. La desinformación planificada con tanto descaro como mostró el caso del Beso de Mariana, socava la viabilidad de una prensa bien documentada, fiable y decente.

Oscurecer y mentir los hechos objetivos ofreciendo noticias, en el mejor de los casos, parciales o falaces es un tiro en los pies de un elemento fundamental de las democracias modernas, el rol del periodismo y su relación de confianza con la opinión pública. El vaso medio vacío es el daño a la credibilidad y el autoritarismo moralizante con el que tantos medios nos tratan de tontos. El vaso medio lleno es que nos dimos cuenta de la artimaña.

Publicado en el Diario La Prensa

9 comentarios en “Falso beso de la mujer araña”

  1. I don’t think the title of your article matches the content lol. Just kidding, mainly because I had some doubts after reading the article.

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