El campo de Marte de la batalla cultural

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Este año que se nos escapa entre los dedos tuvo una campaña electoral. Poco se dijo y mayormente indiferenciado. Los mensajes de las campañas de los partidos mayoritarios fueron vacíos. Pero vale la aclaración para entender que no es lo mismo propaganda política que propaganda ideológica.

Uno de los temas más interesantes a la hora de entender de qué se trata la batalla cultural es entender que para que sea tal, para que exista necesita de un hábitat en particular: la democracia de origen liberal. Esto es así necesariamente y va de suyo que las calidades de democracias occidentales que surgieron de constituciones liberales pueden tener diversos grados de calidad y transparencia, pero en otro hábitat la batalla cultural no existe. Punto. Los países que no toman a bien que gobierne el que más votos saca en elecciones libres y bajo la forma republicana de la división de poderes no tienen esta problemática. 

Y decimos que estos presupuestos: república, elecciones libres, alternancia no necesariamente deben presentarse puros o sin estar corruptos, pero sin embargo han de sostener para el interior y el exterior estas formas.

Aclarado el bioclima necesario, demos paso a algunos preconceptos básicos. Contratos sociales propios de las democracias. Por ejemplo se tiene la expectativa de que la educación pública no adoctrine con la ideología del partido oficialista. O que los periodistas sean independientes y plurales y sirvan de control del poder. También se presupone que las religiones sean respetadas y expresen ideas espirituales, no obsecuentes con uno u otro político o partido. Asimismo se espera que los premios académicos o artísticos sean sólo para los virtuosos en las artes y las ciencias, no para los que hicieran propaganda ideológica.

Para decirlo de una forma más simple, la batalla cultural sólo puede darse en ámbitos en los cuales las personas razonables creen que gozan de tal libertad de culto, educación, ideológica y política que, si quisieran, estarían libres del adoctrinamiento partidario.

Por qué se necesita ese hábitat? Porque es condición que exista este pacto para que se rompa. Así como hace pocos siglos las guerras se armaban rompiendo acuerdos y lanzando hostilidades, la batalla cultural es la contienda que se desata cuando un grupo político se decide a conquistar los espacios que los demás esperaríamos sean independientes.

Claro, claro, claro que la asepsia total no existe, pero no por eso se opera a las personas en una cloaca. Nada es totalmente independiente ni totalmente objetivo, pero al menos la intención y el empeño de la imparcialidad como factor moral de las actividades mencionadas.

Cuándo sabemos que arrancaron las hostilidades? Cuando viene un profesor de la escuela de tus hijos, o uno que nos corta el pelo o uno que maneja el taxi y nos dice: TODO ES POLÍTICA! Noooo, viejo, no. No es política la enseñanza de las ciencias, no es política cortar milanesas de cuadril, no es política llevarme del cine a mi casa. No. Podés tener ideas políticas pero eso no va a modificar un teorema ni que me vendan peines por lechuga. El relativismo y su hermana polizonte, la politización de cualquier batata son la primera batalla perdida. 

En el ámbito de la educación esto ha sido devastador. Hoy es la excepción y no la regla, que un profesor no sea militante, que de su materia con verdad más allá de la política partidaria o doctrinaria. 

Pero veamos los medios y las redes: durante las campañas políticas se adecuan a los spots obligados de campaña y a invitar a tal o cual candidato, tienen que llenar ese momento, y ya. Eso pasa como quien oye llover. Pero lo que no cesa, lo que tiñe los casos policiales, los programas de niños y cualquier otra porquería televisiva es la agenda ideológica del totalitarismo evangelizante. Y van por más, ya que actualmente los medios coquetean con la idea de castigar a quien no replique esa agenda. Hasta tienen inspectores de género en las redacciones! Ya no sólo invaden todo el espacio comunicacional, avanzan sobre el poder de castigar a quienes no cuenten la historia como a ellos se les canta. 

Casi no se leen libros clásicos en las escuela, porque todos tienen alguna referencia tomada por sexista o alguna otra tontería por el estilo. Se multiplican las películas que enfrentan a humanos con extraterrestres o zombies, ¡porque son los únicos que pueden ser asesinados sin correr el riesgo de ofender a nadie. Y hasta ahí, Netflix en “V War” tiene vampiros reclaman sus derechos y el protagonista no quieren que estén en cárceles aisladas porque parecen campos de concentración.

La ficción ya no se puede atribuir papeles de malos a las minorías. En la publicidad la representación de la diversidad es dogma y cualquier mensaje publicitario tiene que tener un abanico de igualdad étnica. Ni siquiera el poder judicial queda libre de este asedio, se imponen cantidad de cursos con los que aleccionar cuando lleguen a sus manos un caso de género, y se ha expresado impunemente la idea de que la presunción de inocencia en estos casos es ser machista. 

Esta descripción es superficial y a mano alzada, podríamos pasar horas encontrando en cada resquicio de nuestra cultura el minitaladro que nos viene imponiendo una ideología y sobre todo que nos viene recordando que seremos parias si no la aceptamos. Los acuerdos abstractos de nuestras democracias se han roto y las hostilidades ya fueron debidamente lanzadas aunque nos quede más cómodo no verlas. Si no damos la pelea entregamos todo, nuestras propiedades, nuestra voluntad, nuestra forma de sentarnos, nuestros gustos culinarios, nuestra forma de amar y de estudiar y de no hacer nada. Entregamos el arte que nos da placer y el cine que nos emociona y la forma de peinar a nuestras hijas y …Es tanto, pero tanto los que está en juego que es hora de defender el terreno neutral. Y por qué defender el terreno neutral? Porque hay que tener la templanza de no caer en la tentación de copar con nuestra ideología lo independiente que tanto ansiamos.

No es un dilema moral, es estratégico. Partiendo de la determinación que los parámetros culturales en nuestras relaciones sociales, hay que comprender que el tema lingüístico y el tema del arte y la academia no es algo anecdótico. 

A menudo, muy a menudo nuestro espectro ideológico se conforma con mostrar mejores resultados. Existen cientos de miles de programas y debates en los que se considera que (en función de la lógica y la razón) mostrar que la humanidad vive mejor con el capitalismo y el respeto a los derechos individuales es suficiente. Es más, creemos que nadie en su sano juicio podría defender dictaduras existiendo la opción de la democracia liberal.

Bueno, malas noticias: si perdemos la batalla cultural (y no vamos ganando, precisamente) nos vamos a quedar sin la posibilidad de explicar QUÉ ES VIVIR MEJOR!

Se entiende que también aquello que pensamos que es obvio y evidente ya no caerá de maduro? Que más será menos y que mejor será peor y que el ring sangriento que es el lenguaje no es un apavada porque sólo será regido por el adoctrinamiento y el miedo? 

Los indicadores económicos no nos salvarán por sí solos en la batalla cultural. Menos en estas sociedades que, como decíamos al principio, están gozando de un bienestar que no agradecen ni aprecian. El único hábitat en donde se da la batalla cultural es en el que garantiza la libertad y la propiedad, porque es exactamente lo que quieren destruir.

Publicado en La Derecha Diario @laderechadiario

7 comentarios en “El campo de Marte de la batalla cultural”

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