Gobiernos y revueltas comunistas a 30 años del derrumbe del Muro

berlin-wall-reference-548158715

El muro de Berlín lleva casi tanto tiempo de muerto como lo que duró vivo. Casi tres décadas duró en pie y tres décadas desde que, luego de caído, se convirtió en símbolo vacío, un punto turístico, una fecha baladi.

Hoy, tres décadas después de su refulgente final, época en la que pensábamos que el horror comunista ya no podría levantarse de la vergüenza de sus cenizas, tenemos gobiernos y revueltas comunistas en nuestra propia región. Hoy tres décadas más tarde, los sucesos violentos y propagandísticos que pugnan por la vuelta del socialismo al poder vuelven con inusitado entusiasmo. Acá a la vuelta nomas, los incendios en iglesias y universidades, los saqueos, fusilamientos y asaltos a la democracia despuntan de forma amenazadora. 

No existe animal más peligroso que un comunista despechado. La República Democrática Alemana no quiso construir el muro al principio. Por ingenuo que nos parezca esta gente estaba convencida de que su lado del mundo era el más feliz y que genuinamente el mundo se agolparía para entrar en su paraíso.

Veamos la secuencia:
* Cuando termina la II Guerra Mundial, los vencedores dividieron Alemania como a una pizza. La ciudad de Berlín que ya estaba hecha paté (disculpas por tantas referencias culinarias) queda dividida en cuatro sectores de ocupación: soviético, estadounidense, francés e inglés. Desaparecido el enemigo nazi, los vencedores no tardaron en trenzarse entre ellos por la moneda, por la ideología y por el sistema político. En 1949, Alemania ya era dos pedazos irreconciliables: el occidental (estadounidense, francés y británico) pasó a llamarse República Federal Alemana (RFA) y el sector oriental (soviético) se convirtió en la República Democrática Alemana (RDA).

* Berlín en consecuencia, quedó dividida y se crearon 81 puntos de paso entre las dos porciones de la pizza. Hasta acá todo fenómeno, salvo por el hecho de que el comunismo tiene una irredenta pulsión hacia el fracaso y prontamente su economía colapsó. La Berlín occidental en cambio, crecía y se desarrollaba ante los espantados ojos que las autoridades soviéticas que vieron entre 1949 a 1961 como la friolera de más de 3 millones de personas huían despavoridos de la RDA rajando del paraíso que ellos proponían al infierno que su propaganda divulgaba. Y este es el origen del resentimiento comunista.

* Ojo, que antes del muro se hicieron varios inútiles intentos por contener a esa población que perdían. La preocupación era genuina porque los que se las tomaban eran los jóvenes, los económicamente activos, los que servían al régimen. En 1952, empezaron con vallas y vigilantes y controles a lo largo de la frontera. Pero Berlín era una enorme ciudad. Una ciudad con calles, casas, familias a uno y otro lado, en fin, una urbe que les resultaba incontrolable. Para peor muchos polacos y checos también bajo el yugo soviético, tomaban a Berlín como la puerta hacia occidente.

La historia de la humanidad está plagada de muros y de ciudades amuralladas. Pero son todos los muros iguales?

En la Epopeya de Gilgamesh, en las primeras líneas de las 30 mil tablillas de de la Biblioteca de Asurbanipal, Gilgamesh elogia a la ciudad de Uruk al destacar su muro impenetrable y maravillado dice:
“Levántate y anda por los muros de Uruk, Inspecciona la terraza de la base, examina sus ladrillos: ¿No es obra de ladrillo quemado? ¿No echaron sus cimientos los Siete Sabios?”

Otro muro inolvidable es el de Troya que protege a la díscola pareja de Paris y Helena del asedio y sitio que los griegos les imponen durante una década. En La Odisea, Homero, define a la polis: “En torno a nuestra ciudad se alza un muro fortificado; hay un puerto seguro a cada lado y cada hombre tiene su propio amarradero; hay también un lugar para la celebración de las asambleas junto al bello templo de Poseidón y una plaza cubierta con grandes piedras hincada en la tierra”.

Nínive tuvo, en los tiempos de Senaquerib, un doble muro de 12 km de largo por 15 m de altura, con quince puertas, un templo a Ishtar, el palacio que fue conocido como Sin Rival, un jardín botánico y un zoológico. Una de las reliquias más sagradas del mundo es el muro superviviente del Templo de Jerusalén. El símbolo más importante de China es la Gran Muralla, cuyas ruinas sostienen un monumento de 8.851,8 kms. En Avaris, que llegó a extenderse por 250 hectáreas, estuvo la capital de los reinos hicsos que se prolongaron desde el 1640 hasta el 1530 a.C. Cartago estaba protegida por 32 km de muros cuyo grosor, en promedio, era de 5,20 mts. y contaba con casas de varios niveles, uno de los cuales tenía capacidad para atender doscientas naves; palacios lujosos y grandes calles.

Estos pocos ejemplos son sólo una muestra de los cientos de miles de muros que se construyeron con el objetivo de proteger a los habitantes y de brindarles seguridad y garantías a lo largo de la historia y la literatura. Eran muros que impedían invasiones y pillaje. O sea cuidaban a los de adentro del ataque de los de afuera. Eran muros para impedir ingresos indeseados.

Pero lo realmente novedoso y hemos de reconocer fundacional de la construcción comunista es que el Muro de Berlín es el primero que funcionó exactamente al revés. No estaba para impedir que nadie entre, sencillamente impedía que los de adentro salgan. La violencia y el pillaje estaban adentro y claramente no brindaba ni seguridad ni garantías.

El lector despabilado dirá: pero no es la primera vez que existía algo así, eso se llama cárcel y es algo más viejo que un esqueleto de dinosaurio. 

Entonces pasemos a llamar a las cosas por su nombre: la cárcel gigante que el régimen soviético construyó para tapar su fracaso en Berlín tenía 155 kilómetros de hormigón y vigas de acero, alambre, fosos, minas, perros y guardias que disparaban a matar.

Los innumerables intentos para escapar hacia la libertad tiene un ícono en los túneles bajo la infame zona de muerte. Más de 70 túneles fueron construidos aunque sólo 19 resultaron exitosos, 300 ciudadanos de la RDA huyeron a través de ellos a RFA. Más de 100.000 ciudadanos de la RDA intentaron huir a través de la frontera entre las dos Alemanias desde 1961 a 1989. Aproximadamente 5.000 lo lograron, 600 murieron.

Para que los relatos históricos queden grabados en el corazón de las personas es necesario entender que hablamos de seres humanos, con nombre, familia, amores y una historia arrebatada: el primer fusilado por querer pasar a Berlín occidental era un jovencísimo Günter Litfin, de 24 años, el 24 de agosto de 1961. La última víctima del muro murió el 5 de febrero de 1989, tenía 20 años y se llamaba Chris Gueffroy, abatido por los guardias de frontera.

La inoperancia soviética reforzó el muro hasta el último momento, hasta su caída. La locura y la negación comunista negaron o taparon lo inevitable hasta el último minuto. Los túneles de la libertad también se siguieron construyendo hasta esa fecha, la búsqueda de la libertad no cesó jamás.

Esta prisión a cielo abierto, al momento de caer, medía 3,6 metros de altura y estaba resguardado por 302 torres de vigilancia, 11.500 soldados, una valla metálica, un cerco de púas, cientos de perros y protecciones antitanque. Existían ocho controles entre el este y el oeste de Berlín. Su trazado cortó 12 líneas de transporte suburbano y 193 calles.

Cayó hace tres décadas porque el odio y la violencia totalitarios son directamente proporcionales a su pertinaz incompetencia. Sin embargo, tres décadas después de la caída del Muro de Berlín la democracia vuelve a ser jaqueada por las mismas ideas.

La libertad en América Latina empieza a deteriorarse y parece a la deriva, sus mecanismos crujen, la decadencia se plasma en su forma más virulenta que es la cobardía y la corrupción. Ante un déficit de ética que cunde en el desempeño de la política, existe el peligro de la esterilidad de las instituciones que deben garantizar la justicia, la seguridad y la transparencia electoral. Son muchos los acontecimientos que invitan a considerar que la libertad política está en peligro y permite que la violencia otra vez cobre prestigio.

¿Es posible que nos haya tomado sólo tres décadas olvidar? En cada promesa de justicia social, el igualitarismo, la distribución o el eufemismo que quieran usar, hay una justificación a la delincuencia y a los ataques violentos. Se agazapa el riesgo de la dictadura sin fondo, un nuevo descenso a los infiernos socialistas. La esperanza de la democracia como forma de obtener la paz y el progreso, debe evitar el miedo y hacer eficaz la defensa de la libertad. Las dictaduras siempre se disfrazan de buenas intenciones. De la defensa de sueños de los jóvenes, de los vulnerables, de los desposeídos. Bueno, recordemos que: Günter Litfin y Chris Gueffroy, eran jóvenes y pobres huyendo, aun a costa de su propia vida, hacia la libertad. Fueron fusilados por la espalda en la Alemania comunista tratando de saltar el muro que los socialistas llamaron literalmente el “Muro de Protección Antifascista”. Siempre cínicos.

Publicado en el Diario La Prensa

10 comentarios en “Gobiernos y revueltas comunistas a 30 años del derrumbe del Muro”

  1. I don’t think the title of your article matches the content lol. Just kidding, mainly because I had some doubts after reading the article.

  2. Thank you for your sharing. I am worried that I lack creative ideas. It is your article that makes me full of hope. Thank you. But, I have a question, can you help me?

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio