Una casta maligna pone en riesgo el derecho a la libre expresión

 

libertad-expresionLa indeseable experiencia de la censura nos sobrevuela de cerca y pone en riesgo un derecho absoluto de cualquier democracia, fundamental para su desarrollo, podríamos decir más importante aún que el ejercicio del voto. Si empezamos a tener miedo de expresarnos libremente, si creemos que nuestro pensamiento es susceptible de represalias o castigos, nuestra democracia se convertirá en una farsa.

Durante los pasados días nos han amenazado varias veces. Hemos sido sonora y violentamente advertidos de los peligros de atrevernos a pensar, a decir o actuar por fuera de los dogmas establecidos. La amenaza de la cárcel, de ser un paria, la amenaza inquisidora tiene un rol domesticador, es decir, un: ¡Ojo que nadie se atreva! 

Van algunos ejemplos: Desde un organismo público, Adolfo Pérez Esquivel se atribuyó el derecho de determinar cuándo un periodista comete un delito al informar. A través de todos los medios, Estela de Carlotto marcó la cancha de lo que un candidato a presidente puede o no decir, tildándolo de salvaje delincuente. Desde la AFI se judicializó una investigación periodística advirtiendo que la cárcel es una opción para quienes informen sobre el organismo público. Finalmente, desde el Encuentro Nacional de Mujeres, se determinó que ciertos sectores son libres de ejercer la violencia y el vandalismo sobre otros sin consecuencias.

TIRANIA EN CIERNES

El totalitarismo es la forma de pensar de quienes creen que las normas se aplican de forma diferente según el grupo al que se pertenezca. Es una tiranía en ciernes considerarse una casta moralmente superior que puede determinar quienes tienen o no derechos. Esa casta es la misma que garantiza la libertad de expresión de apologistas del terrorismo en la televisión pública, pero condenan a quienes sean capaces de discrepar con sus dogmas o denunciar sus privilegios. Tal vez sea porque durante décadas la tuvieron fácil cuando, con su dedo índice, podían determinar quienes eran los buenos y los malos. Pero esa impunidad empezó a mostrar rajaduras y afortunadamente ya no nos asustan los dedos índices amenazadores. 

Prohibir las opiniones, las investigaciones periodísticas, la discrepancia es prohibir la libre expresión. Al menos, para algunos. La esencia misma de la censura es el ejercicio totalitario del poder y ha sido siempre ejercida por quienes tienen el poder. Los poderosos siempre disfrutan de SU libertad de expresión, nadie ha ido a la AFI o a la Comisión de la Memoria a decirles lo que tienen que decir, nadie trató de callarlos. La censura es un ejercicio brutal contra quienes no tienen poder. En consecuencia se trata de una amenaza latente y lo que debemos preguntarnos es:

¿En nombre de qué principios, de qué intereses y de qué valores, aquellos que SI pueden expresarse tienen derecho a impedir que otros lo hagan?

PRIVILEGIADOS

Todos hemos visto las imágenes y videos de los sucesivos encuentros de mujeres. Incendios, pintadas, destrozos y otras actividades por el estilo tienen lugar en cada uno de estos eventos, por personas a cara descubierta. ¿Es legal lo que hacen?

Si cualquiera de nosotros se levanta una mañana enojado y se va de una corrida al Cabildo a prenderle fuego y vandalizarlo, terminaríamos presos. Salvo, claro, que lo hiciéramos en el curso de una marcha en la que el espacio público se convierte en tierra de nadie. Desde el momento en que una casta, cualquiera, puede cometer impunemente un hecho que para cualquier otro sería delito, desde el momento en que unos gozan de privilegios que le niegan a otros; se está en el camino a una tiranía.

Los que nos amenazan con la censura son conscientes del origen de su poder y por lo tanto, dirán que lo que pretenden es limitar expresiones odiosas, o verdaderamente peligrosas. Su coartada es que nos protegen de nosotros mismos. Son los mismos que según su conveniencia reducirían al silencio a Galileo o a Darwin, quienes también, en algún momento, tuvieron posiciones minoritarias y molestas para los dogmas reinantes. ¿Podemos correr ese riesgo?

Cuanto mayor sea la presión ejercida desde el poder para limitar la capacidad individual de análisis y la maduración personal, más nos estarán agrediendo y amenazando. Sólo el respeto a la libre expresión de quienes no piensan igual permite que la diversidad de pensamiento no desemboque en violencia. 

Tal vez los funcionarios de la Comisión de la Memoria, del Instituto de la Mujer o de la AFI deban recordar que la libertad de expresión y la igualdad ante la ley son los valores sobre los que descansan las conquistas de las sociedades modernas. Sirva como ejemplo el derecho a voto de las mujeres o la equiparación ante la ley de todas las personas sin importar origen o religión. El germen de estas conquistas surgió siempre de opiniones heréticas para la época y que los poderosos a cargo de “lo correcto” quisieron acallar.

ARMAS DE LOS INTOLERANTES

¿Somos hoy una sociedad basada en el respeto a la libertad de las personas? No, si proponemos cárcel y castigos para delitos de opinión. No si empezamos a temer a nuestra propia voz. No si aquellos que mejor organicen su capacidad de ofenderse, puedan prohibir cualquier mención que se haga en contra de ellos. El temor reverencial al dogma se convertirá, y esto está pasando ya, en un arma con la que los intolerantes quieren acallar a los demás.

La libertad de expresión no es un bien patrimonial de los justos, es sagrada también para quienes tienen opiniones desagradables, que empobrecen el pensamiento o que nos ofenden. Por fortuna cada vez tenemos menos temor a los dedos índices que nos advierten, y a las amenazas de los que nos aleccionan. Por fortuna el periodismo seguirá investigando. Quienes optan por la censura deberían recordar que se trata de una metodología que acumula su propia destrucción. Es totalitario decir que se defiende la libertad si mientras tanto se está privando a los otros de la suya. Es una hipocresía que no entiende lo que significa la libertad. 

Publicado en el Diario La Prensa

7 comentarios en “Una casta maligna pone en riesgo el derecho a la libre expresión”

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